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Archive for the ‘Experimentos’ Category

La creencia popular tan extendida entre psicólogos durante años, ha quedado desbancada.

Entre todos es muy conocida la idea de que, si una persona relata un hecho falso, su mirada se dirige a la derecha. Cuando mira hacia la izquierda, en cambio, se interpreta como que está recordando. Esto se ha enseñado en la carrera de Psicología, ha sido utilizado como herramienta por muchos psicólogos para efectuar diagnósticos y se ha explicado como materia en cursos de lenguaje no verbal y comunicación humana.

Han sido los investigadores de la Universidad de Edimburgo y de la Universidad de Hertfordshire quienes han realizado este inesperado hallazgo: basándose en la relación que se supone entre el movimiento de los ojos y el pensamiento, han intentado corroborar que un mentiroso mira hacia la derecha mientras construye su versión de la historia.

Se han utilizado personas voluntarias para el experimento. Los voluntarios debían contar una historia que podía ser real o inventada, mientras estaban conectados a aparatos que registraban el movimiento de sus ojos.

Si la teoría hubiera sido cierta, los ojos de los voluntarios, cuando mentían, se habrían dirigido más hacia la derecha que hacia cualquier otra dirección, pero no ha sido así.

Como dato curioso, se utilizaron mentiras preparadas por los investigadores y mentiras llevadas por los propios voluntarios, entre las que se encontraban hablar de familiares desaparecidos que en realidad no lo estaban.

Caroline Watt, una de los investigadores de la Universidad de Edimburgo, afirmó, tras ver los resultados, que “es hora de abandonar esta manera para detectar el engaño“.

No hay ninguna relación entre  la dirección a la que miramos y si decimos la verdad. De hecho, se ha comprobado, también con voluntarios, si entre dos personas que conversan, una puede detectar cuándo la otra le está mintiendo. Tampoco se ha demostrado.

Ni el que miente mueve los ojos en una dirección determinada, ni el que escucha puede detectar su mentira observando su mirada. Así que, habrá que buscarse otros medios para averiguar cuándo nos están diciendo la verdad…

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La película La Ola (2008), dirigida por Dennis Gansel, está basada en la novela La tercera ola de Morton Rhue (1981). Esta novela está basada, a su vez, en el experimento real que el investigador Ron Jones llevó a cabo en 1967 en California (EEUU) sobre la Alemania nazi. El film relata la historia de un profesor que debe impartir un curso sobre la autocracia de una semana de duración.

Para enseñar a sus alumnos adolescentes que una nueva dictadura es posible, se propone llevar a la práctica el tema sobre el que tiene que impartir sus clases. Tras un debate con los alumnos, plantea preguntas que llevan a la reflexión a los chicos sobre si sería posible crear una dictadura en la época actual. En su gran mayoría replican y deciden que no podría ser, ya que están concienciados de sus efectos negativos gracias a la Alemania Nazi, y saben que fue algo terrorífico. Creen que las generaciones venideras han podido aprender la lección y que no volverá a ocurrir algo así.

El propósito del profesor Rainer sobre esta cuestión es hacerles ver como sí podría ser posible que resurgiera, si se ocasionan las circunstancias adecuadas y  un planteamiento organizado. Para esto, él mismo se mete profundamente en el papel que le ha tocado dentro del grupo. Se denominan a sí mismos La Ola, y Rainer es propuesto por los jóvenes como líder, siendo este un rol tremendamente importante y necesario para alguien como él, que le gusta que le tomen en serio y le hagan caso (Rainer tiene un problema de autovalía y autoestima, creyendo que está por debajo de sus compañeros, y que los demás le miran por encima del hombro).

A medida que se va desarrollando el grupo se van creando señas de identidad que lo diferencian de los demás, y hacen similares a los miembros, como que todos lleven un “uniforme” distintivo (camisa blanca), tengan un símbolo que los representa (una ola) y un saludo oficial con el que identificarse entre ellos.

Como se representa en la película, las personas que se encuentran desprotegidas, vulnerables y débiles ante los demás, son las que más necesidad tienen de identificarse con un grupo. Así sucede con el chico que más lo lleva todo al extremo, Tim, el típico alumno que quiere gustar a los demás pero que todos se burlan de él. El grupo representa su vida y expresa que no es nadie sin él. Mediante el sentimiento de pertenencia grupal, puede experimentar como es protegido gracias al arropo de los demás compañeros, pasa de ser marginado a ser aceptado, se une a los demás miembros mediante objetivos comunes, y goza de una interacción privilegiada que se destaca por encima de los que no pertenecen al grupo. Tim se vuelve dependiente de La Ola, ya que en él se siente importante, querido y valorado, y  esto hace que quiera volcar su vida en el grupo, presentándose así graves consecuencias si se le pretende dar fin mediante la disolución de sus miembros.

Todo este proceso grupal aparece en la película de forma muy detallada y magistralmente representada, y con un desenlace que no defrauda al espectador. Por nuestra parte, queda recomendada a todos, esperamos vuestros comentarios acerca de ella, para que entre todos podamos reflexionar sobre la fuerza que puede tener un grupo en una persona, y en qué podemos llegar a convertirnos. Y si realmente aprendemos de la historia, de los sucesos ya pasados. En la entrada de uno de los pabellones del antiguo campo de concentración de Auschwitz sigue colgado un cartel que dice: “Quien olvida su historia está condenado a repetirla”. 

Está película podéis verla de forma completa en youtube.

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A menudo oímos que tener la mente activa es beneficioso para el cerebro. Ahora se ha demostrado científicamente: Michael J. Valenzuela, experto en envejecimiento cerebral en el Brain and Mind Research Institute de la Universidad de Sydney (Australia) ha comprobado en un estudio que las personas con mayor actividad cognitiva (las de mente más activa) continuada desarrollan un encéfalo de mayor tamaño y, además, tienen un menor riesgo de padecer enfermedades cerebrovasculares.

El estudio se ha llevado a cabo con más de 13000 sujetos durante 14 años.

El cerebro necesita la actividad de las neuronas para facilitar el aprendizaje y razonar con rapidez. Al llevar un estilo de vida saludable y realizar actividades de forma continua, las neuronas crean conexiones entre ellas. Éstas  transmiten la información con más rapidez, por lo que es más fácil razonar, tomar decisiones, encontrar soluciones y mejorar el bienestar general. También beneficia a la capacidad de aprendizaje porque si se es capaz de pensar más rápidamente resulta más fácil adquirir conocimientos.

La imagen es una fotografía de un fragmento del área 9 de Broadman, situada en el lóbulo medio prefrontal del cerebro. Se trata de un área especializada en controlar que nuestras acciones no sean impulsivas y resolver los problemas con lógica.

Las imágenes A y C corresponden con un estilo de vida cognitivamente alto (gente que mantiene hábitos de vida saludables y su mente activa de manera regular) mientras que las imágenes B y D corresponden con un estilo de vida cognitivamente pobre (gente sumida en la rutina y con poca variedad de actividades). Se puede comprobar que las personas con la mente más activa tienen mayor densidad neuronal que las cognitivamente más inactivas, por lo que tienen mayor velocidad para procesar la información que reciben. En las imágenes C y D se muestra el grosor de este área, que es mucho más gruesa en las personas cognitivamente activas.

Efectivamente, un cerebro con capas más gruesas y mayor acumulación de neuronas y conexiones entre ellas es sinónimo de mayor salud mental y calidad de vida.

Una mente activa reduce el riesgo de enfermedades neurodegenerativas igual que hacer deporte reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Por eso, aunque dejemos de lado ciertos momentos de tranquilidad para nosotros mismos, no debemos olvidar que nuestra mente también necesita que la cuiden, y que el mejor modo para ello es realizar actividades como leer, hablar con amigos, salir, no dejarnos llevar por la rutina y aprender cosas nuevas. Al fin y al cabo, el saber no ocupa lugar, nos ayuda a ser más felices y, ahora sabemos que, también, a mantenernos mentalmente más sanos.

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En la conferencia, “La cooperación en humanos y simios”, el importante Primatólogo Michael Tomasello presentará sus trabajos realizados como investigador, en los cuales se ha interesado por la forma que tienen los humanos de colaborar entre ellos para conseguir algunos fines muy importantes, en comparación con la colaboración que presentan los chimpancés y los grandes simios.

Las investigaciones abordadas en esta conferencia aportan datos reveladores sobre la considerable diferencia en el plano cognitivo y motivacional, que existe en cómo cooperan los humanos entre ellos a cómo lo hacen los chimpancés y grandes simios. El Dr. Tomasello ha descubierto que la clave puede estar en la comida, ya que los humanos utilizan recursos más sutiles y elaborados en la obtención de los alimentos, como la adaptación para colaborar en la búsqueda de alimentos, y mecanismos específicos para compartirlos a través de la coordinación y comunicación.

Michael Tomasello es reconocido a nivel mundial como uno de los especialistas más importantes en la Psicología comparada entre humanos y simios. Es además el director del Departament of Developmental and Comparative Psychology del Max-Planck-Institut für evolutionäre Anthropologie. Sus investigaciones comprenden un amplio campo de interés, ya que se interesa por los procesos cognitivos comparados, las ciencias cognitivas aplicadas al aprendizaje social, así como la adquisición del lenguaje.

Gracias al Ciclo de Conferencias de la Asociación de Becarios de “la Caixa”, vamos a poder disponer del privilegio en España de asistir a la ponencia de este ilustre Psicólogo sobre La cooperación en humanos y simios, que tendrá lugar en CosmoCaixa Barcelona el 24 de mayo a las 19h. La conferencia será gratuita y abierta al público hasta llenar aforo.

En esta interesante conferencia participará además Josep Call Balaguer, ex becario de “la Caixa”, colaborador del Dr. Tomasello en el Max- Planck-Institut für evolutionäre Anthropologie de Leipzig como director del Wolfgang Köhler Primate Research Center. Se trata del centro más importante del mundo en el que se realiza la investigación de los procesos cognitivos comparados.

Esta conferencia se presenta en el marco contextual del Ciclo de Conferencias de la Asociación de Becarios de “la Caixa” que viene desarrollándose desde el 2011 con el apoyo de la obra social. Cuyo objetivo es el de traer a nuestro país personalidades de reconocido prestigio a nivel mundial, por las investigaciones más importantes realizadas en todos los campos del conocimiento, con quienes los exbecarios de “la Caixa” han tenido oportunidad de colaborar manteniendo una estrecha relación.

Estáis todos invitados a este gran acontecimiento, al que os animamos a asistir, ya que es un privilegio contar con Michael Tomasello y Josep Call, investigadores reconocidos mundialmente por sus trabajos en distintos campos de la Psicología.

 

No identificaremos los rasgos únicos de la mente humana

hasta que no descubramos los rasgos en común con el resto de primates.

Michael Tomasello y Josep Call

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Este experimento actual que viene precedido por el experimento histórico de Milgram, obediencia a la autoridad, se ha hecho llamar el juego de la muerte (Le jeu de la mort), el experimento se hizo en un contexto televisivo, en Francia, y obtuvo los mismos resultados sorprendentes que los de Milgram. Representado en la época actual, bajo un contexto de programa de televisión “La zona extrema”, que tuvo como autoridad a la presentadora de dicho concurso. La persona que recibía las descargas eléctricas era un actor, pero esto sólo lo sabían los que prepararon el experimento.

En este vídeo queda representado como la autoridad sigue siendo incuestionable, muy poco logran contradecirla y finalmente desobedecer, la gran mayoría acaba por rendirse a su entorno el magnético poder de la autoridad (el 81% de los participantes torturó), la presión de su ambiente, un entorno que potencia todo esto al máximo extremo como puede ser un plató de televisión, en el que estás solo, y todos te demandan que sigas pese a tus conflictos internos, persistes con algo que crees que no deberías. hasta que acabas sin quererlo, sin darte cuenta, siendo un torturador.

Se ha encontrado algo aterrador y es el poder que puede ejercer la televisión en nuestras conductas, en cada época existen elementos que movilizan a las masas para actuar de forma autómata, sin conocimiento, bajo esta época en la que vivimos podriamos decir que dicho poder lo ejerce sobre todo el entretenimiento televisivo, la audiencia, el negocio, y todo lo que lo alimenta. Este documental trae cuenta de ello, podemos ver como realmente no es el dinero lo que cuenta, para que sigan adelante con la tortura, sino el poder de algo que nos supera, la obediencia en contextos comprometidos.

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Cuando existe un conflicto (entendido como la confrontación de puntos de vista discrepantes), uno de los principales factores que determinan cómo será resuelto es el estilo de comportamiento de las partes implicadas. Por estilo de comportamiento se entiende la organización intencional de signos verbales y no verbales que permiten comunicar una información directa sobre el objeto de juicio, así como la intención presente y futura de la persona que lo adopta. Por ejemplo, un estilo de comportamiento consistente se caracteriza por la adhesión firme a un postulado o creencia, por la evitación de las contradicciones e incluso por elaboración de una prueba lógica para demostrar la solidez de esa creencia a la que uno se adhiere. Otros estilos pueden ser la autonomía, la equidad o la rigidez.

Moscovici defiende que las minorías pueden ejercer influencia social siempre que su estilo de comportamiento sea consistente a la hora de mantener su posición. La consistencia en el comportamiento tiene dos componentes. En primer lugar, los miembros de la minoría deben mantener una posición estable a lo largo del tiempo. Cuando esto sucede decimos que existe consistencia diacrónica. El otro componente de la consistencia, la sincrónica, tiene que ver con que todos los miembros de la minoría deben expresar su postura de forma consistente, sin fisuras ni contradicciones.

Moscovici, Lage y Naffechoux (1969) realizaron un experimento para intentar demostrar que, si se dan las condiciones explicadas arriba, es posible que una minoría influya sobre el criterio de la mayoría. En este experimento los sujetos trabajaban en grupos de seis personas, dos de los cuales eran en realidad cómplices del experimentador. La tarea consistía en determinar el color y la intensidad luminosa de una serie de diapositivas que, en realidad, eran todas azules. Al comenzar, todos los sujetos se sometían a un test de daltonismo con el fin de que todos los participantes tuvieran claro que el resto veía correctamente. Una vez aplicada esta prueba, se les presentaba una serie de 36 diapositivas. En la condición de minoría consistente, los cómplices respondían “verde” en todas las ocasiones, lo cual les hacía diacrónica y sincrónicamente consistentes. En la condición de “no consistencia” respondían “verde” sólo en 24 ocasiones. En la condición de control los sujetos eran todos ingenuos.

Sólo un 0,25% de los sujetos de la condición de control mencionaron alguna vez el color verde en sus juicios. En la condición en la que existe una minoría con un comportamiento no consistente el porcentaje es algo mayor, 1,25%, pero la diferencia no es significativa. Frente a estas condiciones, cuando el comportamiento de la minoría es consistente, los sujetos de la mayoría contestaron “verde” un 8,42% de las veces. En cuanto al porcentaje de sujetos, un 32% de los miembros de la mayoría mencionó en alguna ocasión el color verde.

Lo que acabamos de comentar es la influencia de la minoría sobre los juicios públicos, los emitidos en voz alta en presencia de los demás. En otra parte del experimento se presentaron en privado a cada sujeto otras 16 diapositivas para que dijera si eran azules o verdes. Tres de ellas eran azules, tres verdes y el resto verdiazules. Lo que se observó es que, a diferencia de los sujetos del grupo control, los sujetos de las condiciones experimentales juzgaban las diapositivas verdiazules más verdes que azules. Además, esta tendencia se acentuaba en los sujetos que en público no habían dado un juicio de “verde”, lo cual se interpreta como indicativo de que la complacencia en público no es una condición necesaria para obtener un cambio privado en los juicios. El experimento que acabamos de resumir muestra claramente que una minoría consistente puede tener un claro efecto sobre los juicios públicos y privados que emiten los miembros de un grupo mayoritario.

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Asch (1951) ideó uno de los paradigmas experimentales que han marcado un hito en el campo de la influencia social y en el de la psicología social en general. Paradójicamente, su objetivo era plasmar en hechos la existencia de un individuo autónomo y defensor en contra de todo de la verdad. En su primer estudio invitó a siete estudiantes a participar en un experimento sobre discriminación visual. La tarea de estas personas era bastante sencilla: tenían que decidir en 18 ocasiones cuál de tres líneas era semejante en longitud a una línea patrón. En cada una de las comparaciones había efectivamente una línea patrón, mientras que las otras dos eran diferentes. La tarea era muy fácil, como lo pone de manifiesto el hecho de que en un grupo control de 37 sujetos, que decidieron sus juicios en solitario, 35 no cometieron ningún error, una persona cometió un error y otra cometió dos errores. En conjunto se produjo un porcentaje de errores despreciable (0,7%). En la condición experimental los sujetos, sentados en semicírculo, debían dar sus juicios de viva voz y en el orden en que estaban sentados, del puesto 1 al 7. En realidad sólo existía un único sujeto (en el puesto número 6), puesto que el resto eran cómplices que, en cada comparación, respondían de manera unánime según lo acordado con el experimentador. En las seis comparaciones “neutrales” (las dos primeras y otras cuatro distribuidas a lo largo de la sesión) los cómplices respondían correctamente. En las restantes 12 comparaciones respondieron unánimemente de forma incorrecta. Las comparaciones neutrales, especialmente las dos primeras, servían para no levantar sospechas en el sujeto y evitar que éstos atribuyeran los errores a posibles problemas visuales de los cómplices.

Los resultados de este experimento muestran el tremendo impacto en un sujeto aislado de una mayoría obviamente equivocada pero unánime. En comparación con el grupo de control, que como se recordará sólo cometía un 0,7% de errores, los sujetos experimentales cometieron casi un 37% de errores. No todos los sujetos cometieron el mismo número de errores, pero resulta interesante observar la distribución de éstos. Sólo un 25% de los sujetos no cometió ningún error (frente al 95% de la condición de control). Además, un 28% cometió ocho o más (de doce posibles), mientras que el resto cometió de uno a siete errores.

Los resultados del experimento de Asch se han obtenido posteriormente en numerosas ocasiones, utilizando diferentes poblaciones y diferentes tareas.

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