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Posts Tagged ‘influencia’

Cuando existe un conflicto (entendido como la confrontación de puntos de vista discrepantes), uno de los principales factores que determinan cómo será resuelto es el estilo de comportamiento de las partes implicadas. Por estilo de comportamiento se entiende la organización intencional de signos verbales y no verbales que permiten comunicar una información directa sobre el objeto de juicio, así como la intención presente y futura de la persona que lo adopta. Por ejemplo, un estilo de comportamiento consistente se caracteriza por la adhesión firme a un postulado o creencia, por la evitación de las contradicciones e incluso por elaboración de una prueba lógica para demostrar la solidez de esa creencia a la que uno se adhiere. Otros estilos pueden ser la autonomía, la equidad o la rigidez.

Moscovici defiende que las minorías pueden ejercer influencia social siempre que su estilo de comportamiento sea consistente a la hora de mantener su posición. La consistencia en el comportamiento tiene dos componentes. En primer lugar, los miembros de la minoría deben mantener una posición estable a lo largo del tiempo. Cuando esto sucede decimos que existe consistencia diacrónica. El otro componente de la consistencia, la sincrónica, tiene que ver con que todos los miembros de la minoría deben expresar su postura de forma consistente, sin fisuras ni contradicciones.

Moscovici, Lage y Naffechoux (1969) realizaron un experimento para intentar demostrar que, si se dan las condiciones explicadas arriba, es posible que una minoría influya sobre el criterio de la mayoría. En este experimento los sujetos trabajaban en grupos de seis personas, dos de los cuales eran en realidad cómplices del experimentador. La tarea consistía en determinar el color y la intensidad luminosa de una serie de diapositivas que, en realidad, eran todas azules. Al comenzar, todos los sujetos se sometían a un test de daltonismo con el fin de que todos los participantes tuvieran claro que el resto veía correctamente. Una vez aplicada esta prueba, se les presentaba una serie de 36 diapositivas. En la condición de minoría consistente, los cómplices respondían “verde” en todas las ocasiones, lo cual les hacía diacrónica y sincrónicamente consistentes. En la condición de “no consistencia” respondían “verde” sólo en 24 ocasiones. En la condición de control los sujetos eran todos ingenuos.

Sólo un 0,25% de los sujetos de la condición de control mencionaron alguna vez el color verde en sus juicios. En la condición en la que existe una minoría con un comportamiento no consistente el porcentaje es algo mayor, 1,25%, pero la diferencia no es significativa. Frente a estas condiciones, cuando el comportamiento de la minoría es consistente, los sujetos de la mayoría contestaron “verde” un 8,42% de las veces. En cuanto al porcentaje de sujetos, un 32% de los miembros de la mayoría mencionó en alguna ocasión el color verde.

Lo que acabamos de comentar es la influencia de la minoría sobre los juicios públicos, los emitidos en voz alta en presencia de los demás. En otra parte del experimento se presentaron en privado a cada sujeto otras 16 diapositivas para que dijera si eran azules o verdes. Tres de ellas eran azules, tres verdes y el resto verdiazules. Lo que se observó es que, a diferencia de los sujetos del grupo control, los sujetos de las condiciones experimentales juzgaban las diapositivas verdiazules más verdes que azules. Además, esta tendencia se acentuaba en los sujetos que en público no habían dado un juicio de “verde”, lo cual se interpreta como indicativo de que la complacencia en público no es una condición necesaria para obtener un cambio privado en los juicios. El experimento que acabamos de resumir muestra claramente que una minoría consistente puede tener un claro efecto sobre los juicios públicos y privados que emiten los miembros de un grupo mayoritario.

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Asch (1951) ideó uno de los paradigmas experimentales que han marcado un hito en el campo de la influencia social y en el de la psicología social en general. Paradójicamente, su objetivo era plasmar en hechos la existencia de un individuo autónomo y defensor en contra de todo de la verdad. En su primer estudio invitó a siete estudiantes a participar en un experimento sobre discriminación visual. La tarea de estas personas era bastante sencilla: tenían que decidir en 18 ocasiones cuál de tres líneas era semejante en longitud a una línea patrón. En cada una de las comparaciones había efectivamente una línea patrón, mientras que las otras dos eran diferentes. La tarea era muy fácil, como lo pone de manifiesto el hecho de que en un grupo control de 37 sujetos, que decidieron sus juicios en solitario, 35 no cometieron ningún error, una persona cometió un error y otra cometió dos errores. En conjunto se produjo un porcentaje de errores despreciable (0,7%). En la condición experimental los sujetos, sentados en semicírculo, debían dar sus juicios de viva voz y en el orden en que estaban sentados, del puesto 1 al 7. En realidad sólo existía un único sujeto (en el puesto número 6), puesto que el resto eran cómplices que, en cada comparación, respondían de manera unánime según lo acordado con el experimentador. En las seis comparaciones “neutrales” (las dos primeras y otras cuatro distribuidas a lo largo de la sesión) los cómplices respondían correctamente. En las restantes 12 comparaciones respondieron unánimemente de forma incorrecta. Las comparaciones neutrales, especialmente las dos primeras, servían para no levantar sospechas en el sujeto y evitar que éstos atribuyeran los errores a posibles problemas visuales de los cómplices.

Los resultados de este experimento muestran el tremendo impacto en un sujeto aislado de una mayoría obviamente equivocada pero unánime. En comparación con el grupo de control, que como se recordará sólo cometía un 0,7% de errores, los sujetos experimentales cometieron casi un 37% de errores. No todos los sujetos cometieron el mismo número de errores, pero resulta interesante observar la distribución de éstos. Sólo un 25% de los sujetos no cometió ningún error (frente al 95% de la condición de control). Además, un 28% cometió ocho o más (de doce posibles), mientras que el resto cometió de uno a siete errores.

Los resultados del experimento de Asch se han obtenido posteriormente en numerosas ocasiones, utilizando diferentes poblaciones y diferentes tareas.

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